Franco Cottarelli – la historia de un artesano

1. EL LEONARDO DA VINCI DE VAL CHIAVENNA

Franco Cottarelli. Si montas moscas artificiales y no has vivido en la Luna durante los últimos veinte años, seguro que has oído este nombre al menos una vez. Hoy en día, asistir a una competición de montaje sin ver al menos un par de sus tornos sobre las mesas es prácticamente imposible.

Pero ¿alguna vez te has preguntado quién hay detrás de ese apellido, un nombre que con el paso de los años ha dejado de ser simplemente un apellido para convertirse en una de las marcas más conocidas en el mundo del montaje de moscas?

Si a estas alturas tienes tanta curiosidad como tuve yo, quédate y conoce al artesano que hay detrás de la marca y, sobre todo, a la persona que hay detrás del artesano.

Franco Cottarelli con su histórica colección de antiguos carretes de pesca a mosca

2. MANOS QUE NUNCA ESTÁN QUIETAS

El 22 de septiembre de 1947, en Gazzo Veronese, nace Franco Cottarelli.

Desde muy joven, Franco muestra una curiosidad fuera de lo común y una habilidad natural para todo aquello que se pueda construir, desmontar o reparar. Cuando tiene un objeto delante, no parece ver únicamente lo que es. Instintivamente se pregunta cómo funciona, qué hay en su interior y, sobre todo, si existe alguna manera de hacerlo funcionar mejor.

La pesca ya forma parte de sus pasiones por aquellos años y, como era de esperar, su curiosidad acaba acompañándolo también a orillas de los ríos. Así nacen sus primeros pequeños inventos relacionados con la pesca, todavía rudimentarios, pero ya fruto de esa necesidad casi instintiva de modificar, mejorar y construir cosas con sus propias manos.

La pesca forma parte de la vida de Franco desde que era joven

Durante muchos años, sin embargo, esta habilidad natural sigue siendo poco más que una afición, una pasión a la que dedica su tiempo libre entre una cosa que construye y otra que repara. Mientras tanto, Franco se gana la vida como puede, pasando de un trabajo ocasional a otro, sin haber encontrado todavía un camino claro que seguir. Así transcurre su juventud hasta que, como les ocurría a tantos jóvenes de su generación, llega el momento de dejarlo todo a un lado y marcharse a cumplir el servicio militar.

Franco pescando con caña fija

Una vez terminado el servicio militar, Franco vuelve a la vida cotidiana, aunque durante un tiempo sus manos parecen sentirse más cómodas con los instrumentos musicales que con las herramientas del taller. Junto a algunos amigos, forma una banda y disfruta tocando las canciones que por entonces cautivan a toda una generación: los Beatles, los Rolling Stones y otros grandes protagonistas de una época musical irrepetible.

Un joven Franco Cottarelli como músico, a la izquierda con los pantalones naranjas

Pero su pasión por la mecánica sigue ahí. Y es precisamente esa pasión la que le señala el camino cuando llega el momento de incorporarse al mundo laboral. Franco encuentra trabajo en un taller mecánico y es allí donde esa habilidad natural que lo acompaña desde joven encuentra por fin un entorno en el que puede desarrollarse. Entre máquinas, herramientas, metal y trabajos de precisión, Franco empieza a convertir la curiosidad y el instinto de siempre en auténticos conocimientos técnicos.

Engranaje del carrete Synchron

3. AL OTRO LADO DEL BANCO DE TRABAJO

El punto de inflexión llega casi por casualidad. Uno de los proveedores de maquinaria de la empresa para la que trabaja Franco decide cerrar su negocio. Para Franco, sin embargo, aquel cierre se convierte en una oportunidad. Decide comprar algunas de aquellas máquinas y emprender un nuevo camino: trabajar por su cuenta.

Es un paso importante. Después de años trabajando como empleado, Franco se encuentra ahora frente a sus propias máquinas, libre para sacar partido de toda la experiencia y los conocimientos adquiridos en el taller. Así nace su propio negocio, dedicado a fabricar componentes mecánicos para otras empresas.

Y, de alguna manera, el círculo se cierra casi de inmediato. La empresa en la que había trabajado hasta entonces, el mismo taller en el que había perfeccionado sus habilidades, se convierte en uno de sus clientes. Franco sigue trabajando para quienes hasta poco antes habían sido sus empleadores, solo que ahora lo hace con sus propias máquinas, en su propio taller y, por primera vez, al otro lado del banco de trabajo.

Trabajando en el torno

4. CONTRA EL VIENTO

Con el paso de los años, el negocio sigue creciendo. Franco fabrica componentes mecánicos para otras empresas y trabaja para distintos sectores, pero un encargo en particular va adquiriendo cada vez más importancia: la fabricación de casquillos destinados a las fijaciones de botas de esquí.

Los pedidos aumentan y, con ellos, también crece el taller. Franco invierte en nueva maquinaria y amplía progresivamente su capacidad de producción. Lo que había comenzado con apenas unas pocas máquinas acaba alcanzando unas dimensiones considerables. En su momento de máxima expansión, el taller llega a contar con casi 150 máquinas, entre ellas unos sesenta tornos que trabajan prácticamente sin descanso.

Pero entonces algo cambia.

En el mercado aparecen fabricantes chinos capaces de producir esos mismos casquillos a un precio aproximadamente un 30 % inferior. En un componente fabricado en grandes cantidades, una diferencia así tiene un enorme impacto y hace que competir resulte cada vez más difícil.

Después de años de crecimiento, la empresa de Franco se encuentra de repente avanzando contra el viento.

Precisamente aquella producción que más había contribuido al crecimiento de su negocio queda expuesta de pronto a una competencia frente a la que luchar únicamente en el terreno del precio resulta casi imposible.

Hay que encontrar otro camino.

Franco se ve obligado a reinventarse. Empieza a mirar hacia otros horizontes, buscando nuevos mercados y oportunidades que le permitan aprovechar los conocimientos y la capacidad de producción desarrollados a lo largo de los años. Poco a poco consigue diversificar el trabajo, encontrar nuevos encargos y dar un nuevo impulso al negocio.

No es una transición sencilla, pero al final consigue volver a tomar firmemente las riendas de su empresa, haciendo que el taller vuelva a trabajar a pleno rendimiento y dejando atrás uno de los momentos más delicados de su historia.

Trabajando en el torno

5. EL PRIMER TORNO DE MONTAJE

Durante aquellos años, una antigua pasión vuelve a ocupar un lugar cada vez más importante en la vida de Franco: la pesca a mosca. Un mundo que conoce desde joven y que, después de haber permanecido durante algún tiempo en segundo plano, vuelve a formar parte de su vida con cada vez mayor frecuencia.

En torno a la pesca a mosca, Franco vuelve a encontrar un mundo de encuentros, intercambio de ideas y, sobre todo, amistades, algunas de ellas muy profundas. Entre las personas que desempeñarán un papel importante en esta parte de su historia están Meret Giuliano, conocido por todos como Lallo, Cosimo Schena, Mimmo para sus amigos, Osvaldo Gilli, Massimo Ginnaneschi y Sandro Mandrini. Amigos y apasionados de la pesca que conocen bien su trabajo y saben perfectamente de lo que es capaz con un torno entre las manos.

Es precisamente en este ambiente de conversaciones, sugerencias y nuevas amistades donde, casi como un reto, surge una pregunta destinada a tener consecuencias inesperadas.

«Con todo lo que sabes hacer, ¿por qué no construyes tú mismo un torno de montaje?»

A Franco, en realidad, no hace falta convencerlo demasiado para que acepte un reto como ese.

La idea despierta su curiosidad. Empieza a observar los tornos de montaje existentes, a estudiar su funcionamiento y a pensar cómo podría reinterpretarlos a su manera. Después hace lo que siempre ha hecho cuando una idea empieza a rondarle la cabeza. Entra en el taller e intenta darle forma.

Así nace el Cottarelli Standard, el primer torno de montaje de Franco.

El Standard no nace como respuesta a las dificultades de la empresa ni con la ambición de convertirse en un producto fabricado a gran escala. Es, sencillamente, el punto de encuentro entre dos pasiones que hasta entonces habían avanzado en paralelo en su vida: la pesca a mosca y la mecánica.

Franco todavía no lo sabe, pero aquel torno será el primer paso de una historia que acabará haciendo que su apellido sea conocido entre montadores de moscas de todo el mundo.

6. SIN HACER RUIDO

En aquella época, naturalmente, no existían las redes sociales y dar a conocer un producto era muy diferente de lo que es hoy. Franco, por su parte, nunca ha mostrado demasiado interés por la publicidad. Su manera de promocionar el Standard es mucho más sencilla. Regala algunos ejemplares a montadores de moscas conocidos y deja que sean el torno y quienes lo utilizan los que hablen por él.

La estrategia, por sencilla que parezca, funciona. El boca a boca hace el resto y, en poco tiempo, los tornos Cottarelli empiezan a aparecer en las mesas de montadores reconocidos y en los clubes de pesca. También dentro del entorno de la IFTA el nombre empieza a circular rápidamente, hasta que resulta difícil encontrar a alguien que no haya visto, probado o utilizado alguno de sus tornos.

Entre los ejemplares que regala durante aquellos años, uno acaba en manos de Francesco Palù, una figura legendaria en el mundo del montaje de moscas.

Su relación con el Standard, sin embargo, no empieza de la mejor manera. A primera vista, Palù no queda especialmente impresionado y su valoración inicial está lejos de ser entusiasta. Con el tiempo, sin embargo, algo cambia. A medida que lo utiliza, empieza a comprender su potencial, reconsidera aquella primera impresión y termina utilizándolo con verdadera satisfacción.

Es un pequeño episodio, pero refleja muy bien cómo los tornos de Franco empiezan a ganarse su reputación. No mediante campañas publicitarias ni grandes operaciones comerciales, sino pasando de las manos de un montador a las de otro, puestos a prueba por quienes realmente pasan su tiempo montando moscas. Así es como el nombre Cottarelli empieza a darse a conocer: gracias a la calidad de sus creaciones y al boca a boca de quienes las utilizan. Un torno tras otro, sin grandes proclamas y, sobre todo, sin hacer ruido.

7. ANTE TODO, UN ARTESANO

A estas alturas de la historia, sería fácil pensar que Franco supo ver el potencial comercial de sus creaciones y que empezó a construir alrededor de su nombre una empresa y una estrategia de ventas. La realidad es casi todo lo contrario.

Su interés nace ante un problema que resolver, continúa en el torno mientras una idea va tomando forma y encuentra su verdadera recompensa cuando el objeto terminado acaba en manos de alguien que lo utiliza y lo aprecia. Que además pueda venderse viene después, mucho después.

Quizá sea precisamente por eso por lo que, a pesar de que con los años el apellido Cottarelli se ha convertido en una marca conocida en todo el mundo del montaje de moscas, Franco nunca ha llegado a convertirse realmente en un hombre de negocios en el sentido más convencional del término. Incluso hoy prefiere dejar en manos de otros la gestión comercial de sus creaciones, y no es raro que sean precisamente las empresas encargadas de venderlas las que tengan que frenarlo cuando pretende ofrecerlas a precios que consideran demasiado bajos.

Franco es, ante todo, un artesano.

8. EL NACIMIENTO DE UN MITO

Después del Standard llega el que, con el paso de los años, probablemente se convertirá en el torno de montaje más icónico de Franco Cottarelli: el Travel. Un modelo destinado a hacerse un hueco en las mesas de montaje de numerosos profesionales de todo el mundo y que, todavía hoy, sigue siendo el torno más vendido de todos los que ha diseñado.

Lo que lo hace inmediatamente reconocible es su innovador trípode plegable. Una solución tan sencilla como ingeniosa que permite plegar las tres patas sobre sí mismas, haciendo que el torno sea extremadamente compacto y fácil de transportar.

Cuando Franco lo diseña, un sistema de este tipo no existe en ningún otro torno de montaje. Y quizá lo más sorprendente sea que, tantos años después, esta solución sigue siendo una característica distintiva del Travel.

El éxito del modelo terminará hablando por sí solo. De todas las invenciones que irán tomando forma en el taller de Franco a lo largo de los años, el Travel se convertirá en el torno más utilizado por los montadores profesionales.

Un logro notable para un objeto nacido, una vez más, de la capacidad de Franco para enfrentarse a un problema aparentemente sencillo y resolverlo con una solución que nadie había imaginado antes.

9. LAS IDEAS NO TIENEN PRISA

Los tornos de montaje son, sin duda, las creaciones que han hecho famoso el nombre Cottarelli en el mundo del montaje de moscas, pero representan solo una parte de todo lo que ha salido de la mente y del taller de Franco a lo largo de los años. Junto a ellos nacen numerosos accesorios para el montaje de moscas artificiales y, sobre todo, carretes de pesca a mosca.

Y es precisamente cuando hablamos de carretes cuando, durante nuestra conversación, percibo en Franco un entusiasmo especial.

La razón está profundamente ligada a su forma de ser. Un carrete es mecánicamente más complejo que un torno de montaje: requiere un mayor número de componentes, tolerancias precisas y soluciones técnicas más elaboradas. En otras palabras, supone un reto mayor. Y para alguien que ha pasado toda una vida buscando problemas que resolver, cuanto mayor es la dificultad, mayor parece ser también el placer de encontrar una solución.

Franco empieza a diseñar y construir carretes ya a principios de los años 2000. Con el tiempo realiza varios, experimentando con diferentes mecanismos y soluciones, pero durante más de veinte años ninguno de estos proyectos llega a convertirse en un producto destinado a la venta.

Habrá que esperar hasta 2025 para que uno de sus carretes finalmente salga al mercado. Se llama Synchron y es el primer carrete diseñado por Franco Cottarelli que recorre todo el camino desde su taller hasta el mercado.

Y quizá sea precisamente en esos más de veinte años transcurridos entre los primeros experimentos y la comercialización del Synchron donde mejor se comprende la relación de Franco con sus creaciones. Ninguna empresa dedicaría más de dos décadas a desarrollar un producto antes de preocuparse por venderlo. Pero Franco no piensa como una empresa. Piensa como un artesano. Para él, una idea no nace necesariamente para convertirse en un producto. Nace, ante todo, del placer de imaginarla, construirla y descubrir si puede funcionar. Sus ideas no tienen prisa por convertirse en productos.

Todos los carretes construidos por Franco que nunca llegaron a comercializarse, excepto uno

10. EL LUJO DEL TIEMPO

Sin embargo, es importante no confundir la distancia que Franco mantiene respecto al aspecto comercial con una falta de contacto con la realidad. Durante gran parte de su vida, el verdadero trabajo de Franco ha sido otro. Lo que sostenía económicamente su actividad eran, sobre todo, los grandes encargos de componentes mecánicos fabricados para otras empresas, mientras que los tornos de montaje y los accesorios, aunque naturalmente también le proporcionaban ingresos, siempre han ocupado un lugar diferente: el de una pasión capaz, además, de compensar el tiempo y el trabajo necesarios para cultivarla.

Al fin y al cabo, detrás de los tornos Cottarelli no existe una gran estructura de producción. Franco, su mujer y su hija siguen siendo, todavía hoy, las únicas personas que se ocupan de su desarrollo, diseño, fabricación y montaje. Desde la idea inicial hasta el producto terminado, todo pasa por las manos de tres personas. Es una dimensión familiar que permite comprender aún mejor la verdadera naturaleza de estos objetos, pero que inevitablemente también limita los volúmenes de producción.

Una producción a gran escala exigiría inevitablemente una organización completamente distinta, difícil de conciliar con la forma en que Franco siempre ha trabajado. Si tuviera que vivir exclusivamente de sus tornos, probablemente no podría permitirse fabricarlos al mismo ritmo ni con la misma libertad.

Hoy, después de toda una vida de trabajo, Franco está jubilado y ha alcanzado una estabilidad económica que le permite no depender de sus creaciones para ganarse la vida. Puede permitirse lo que, para un artesano como él, quizá sea el mayor lujo de todos: el tiempo. Tiempo para construir sin perseguir grandes volúmenes de producción, para perfeccionar una idea sin preguntarse hasta qué punto resulta comercialmente rentable y, sobre todo, para seguir viviendo esta actividad, ante todo, como una pasión.

Porque la pasión puede ser el motor de todo esto, pero no se vive solo de pasión. La diferencia es que Franco ya no necesita convertir cada hora que pasa en el taller en una hora económicamente productiva. Y eso le permite seguir construyendo como siempre ha preferido: a su ritmo, junto a su familia y sin dejar que sean los números los que marquen el ritmo de su trabajo.

11. LA PUNTA DEL ICEBERG

Detrás de los tornos, carretes y accesorios que conocemos existe un universo mucho más amplio de prototipos, experimentos e inventos que Franco ha diseñado y construido a lo largo de su vida.

En sus cajones, en las estanterías del taller y probablemente también en su memoria se esconden ideas que el público nunca ha visto. Algunas se quedaron en simples experimentos, otras llegaron a convertirse en prototipos plenamente funcionales y otras fueron construidas, probadas, modificadas y después simplemente apartadas cuando la curiosidad de Franco se dirigió hacia algo nuevo.

Caña de doble blank con las anillas dispuestas en el centro

Muchas de estas creaciones nunca llegaron a convertirse en productos y probablemente nunca lo harán. No necesariamente porque no funcionen o porque no sean lo bastante interesantes, sino porque transformar un invento en algo que pueda comercializarse nunca ha sido un paso indispensable para dar sentido al trabajo de Franco. Una idea puede nacer simplemente de la curiosidad, de las ganas de experimentar o del deseo de descubrir si una determinada solución es realmente posible.

Señuelos artesanales para spinning

Quizá sea precisamente esta enorme parte sumergida de su trabajo la que mejor explica quién es realmente Franco, mejor que cualquier catálogo. Lo que podemos comprar es solo la punta del iceberg de todo lo que ha imaginado y construido. Todo lo demás pertenece a esa dimensión más íntima de la artesanía, donde no tiene por qué existir un mercado al que llegar, un precio que fijar o un cliente al que convencer.

Porque para Franco inventar nunca ha sido simplemente una forma de crear nuevos productos. Es, antes que nada, el placer de descubrir si algo que existe en su cabeza puede llegar a existir también entre sus manos.

12. CUANDO LA PASIÓN LEVA ANCLAS

Tuve el placer de pasar dos días con Franco y su familia y, durante ese tiempo, lo escuché hablar de algunas de las innumerables cosas que ha diseñado y construido a lo largo de su vida. Cada vez que hablaba de una de sus creaciones, en sus ojos se encendía ese entusiasmo genuino de quien, antes incluso de sentirse orgulloso del resultado, ha disfrutado del reto de llegar hasta él.

Y, sin embargo, entre tornos, carretes, herramientas e inventos de todo tipo, había algo que, más que ninguna otra cosa, parecía estar deseando enseñarme. Su barco.

Pero llamarlo simplemente barco sería quedarse corto.

Cuando Franco lo compra, no es más que un sencillo casco de aluminio. A partir de ese momento, empieza a transformarlo, adaptarlo y modificarlo según sus propias necesidades, incorporando con el tiempo una cantidad asombrosa de soluciones nacidas de su ingenio. Cada espacio parece haber sido estudiado, cada mecanismo responde a una necesidad y cada problema surgido a bordo parece haberse convertido en una nueva oportunidad para inventar algo.

El resultado es difícil de describir sin tenerlo delante. Más que un barco, parece un enorme taller flotante, repleto de mecanismos y soluciones artesanales en los que se reconoce exactamente la misma forma de pensar que encontramos en sus tornos y sus carretes.

Y es precisamente al contemplarlo cuando el apodo con el que decidí presentar a Franco al principio de esta historia deja de parecer de repente una exageración. Ante ese barco, rodeado de sus mecanismos, modificaciones e inventos, es difícil no tener la sensación de estar frente a algo salido directamente de uno de los dibujos de Leonardo da Vinci.

Solo que esta vez, Leonardo vive en Val Chiavenna.

La creación de la que se siente más orgulloso: su barco

13. AL FINAL, FRANCO

Al llegar al final de esta historia, alguien podría pensar que he enfatizado ciertos aspectos de la vida y la personalidad de Franco. Quizá sea así. Al fin y al cabo, después de haber tenido el privilegio de pasar tiempo con él y con su familia, me resultaría difícil fingir una imparcialidad absoluta.

He conocido a personas extraordinarias y, sobre todo, he tenido la oportunidad de conocer al hombre que se esconde detrás de aquel apellido con el que comenzamos esta historia.

Y quizá sea precisamente eso lo que más me ha impresionado de Franco.

Detrás de décadas de inventos, tornos utilizados en todo el mundo, carretes, maquinaria y un sinfín de objetos nacidos de su mente y de sus manos, he encontrado a una persona de una sencillez que desarma. Franco habla de todo lo que ha creado con el entusiasmo de un niño, sin dar nunca la impresión de sentir la necesidad de impresionar a nadie con lo que ha conseguido.

Hay en él una humildad auténtica, casi inconsciente. Esa rara forma de humildad propia de quien no necesita contar a los demás cuánto vale, porque ha pasado toda una vida dejando que sean sus obras las que hablen por él.

Gabriele y Franco

Gabriele Cabizzosu  –
Fly fisherman, fly tyer
Job: Senior Marketing Manager
Hobbies: Travel, fishing and photography
He started fishing 15 years ago, approaching the stream with various fishing techniques until he started fly fishing. More than 10 years have passed since then and to this day it is his favourite fishing technique. Also passionate about photography, over time he has fused these two loves together, trying to convey with his images all the emotions that only fly fishing can give. Learn more about Gabriele!
25.08.2026
Última modificación el: 31.08.2026
Gabriele Cabizzosu
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